
Corno cuando se abrieron por tus
sueños mis párpados, rota y cansadamente, acoge mi
partida. Como si me tuvieras nadando
entre tus brazos,
donde las aguas corren dementes y perdidas. Igual que
cuando amaste mis ensueños inútiles, apasionadamente,
despídeme en la orilla... Me voy como vinieron a tus
vuelos mis pájaros, callada y mansamente,
a reposar heridas.
Ya nada más detiene mis ojos en la nube...
Se alzaron por alzarte, y ¡qué inmensa caída!
Sobre mi pecho saltan cadáveres de estrellas que por ríos
y por montes te robé, enternecida. Todo fue mi
universo unas olas volando, y mi alma una vela
conduciendo tu vida...
Todo fue mar de espumas
por mi ingenuo horizonte... Por tu vida
fue todo, una duda escondida. ¡Y saber que mis sueños jamás
solos salieron por los prados azules a pintar margaritas!
¡Y sentir que no tuve otra voz que su espíritu! ¡Y pensar que
yo nunca sonreí sin su risa! ¡Nada más!
En mis dedos se suicidan las aves, y mis pasos cansados ya no nacen
espigas. Me voy como vinieron a tu techo mis cielos... fatal y
quedamente, a quedarme dormida... Como el descanso tibio
del más simple crepúsculo, naturalmente trágico,
magistralmente herida. Adiós. Rézame versos en las noches
muy largas.. En mi pecho sin
lumbre ya no cabe la vida...
No hay comentarios:
Publicar un comentario